lunes, 18 de junio de 2012

❤ Fabricando Un Padre ❤


En el taller mas extraño y sublime conocido, se reunieron los grandes arquitectos, los afamados carpinteros y los mejores obreros celestiales que debían fabricar al padre perfecto:

" Debe ser fuerte" - comento uno.
"También, debe ser dulce" - comento otro experto.
"Debe tener firmeza y mansedumbre, tiene que saber dar buenos consejos".
"Debe ser justo en momentos decisivos, alegres y comprensivo en los momentos tiernos".

¿Como es posible, interrogo un obrero, poner tal cantidad de cosas en un solo cuerpo?

"Es fácil" - contesto el ingeniero - "Solo tenemos que crear un hombre con la fuerza de hierro y que tenga corazón de caramelo".

Todos rieron ante la ocurrencia y se escucho una voz (era el Maestro, dueño del taller del cielo):
"Veo que al fin comienzan sonriendo. No es fácil la tarea es cierto, pero no es imposible si ponen interés y amor en ello".

Y tomando en sus manos un puñado de tierra, comenzó a darle forma.

¿Tierra?, pregunto sorprendido uno de los arquitectos, ¡Pensé  que  lo fabricaríamos de mármol, o marfil o piedras preciosas!.

"Este material es necesario para que sea humilde" - le contesto el maestro. 

Y extendiendo de sus manos saco de las estrellas oro y lo añadió a la masa.

"Esto es para que en pruebas brille y se mantenga firme".

Agrego a todo aquello, amor, sabiduría, le soplo de su aliento y cobro vida, pero... faltaba algo, pues en su pecho le quedaba un hueco.

¿Y que pondrás ahí? - pregunto uno de los obreros.

Y abriendo su propio pecho y ante los ojos asombrados de aquellos arquitectos, saco su corazón y le arranco un pedazo y lo puso en el centro de aquel hueco.

Dos lagrimas salieron de sus ojos mientras volvía a su lugar su corazón ensangrentado.

¿Por que has hecho tal cosa? - le interrogo un ángel obrero.

Y aun sangrando - le contesto el Maestro:
"Esto hará que me busque en  momentos de angustia, que sea justo y recto, que perdone y corrija con paciencia y sobre todo, que este dispuesto aun al sacrificio por los suyos y que dirija a sus hijos con su ejemplo, porque al final de su largo trabajo, cuando haya terminado su tarea de Padre allá en la tierra, regresara hasta mi. Y satisfecho por su buen labor, yo le daré un lugar aquí en mi reino. Le extenderé mi mano, descansara en mi pecho y tendrá Vida Eterna.

Pues yo también soy Padre y por el, por su bien, para otorgarle vida, me arranque del corazón un pedazo de amor y lo puse en su pecho. Para que a mi regrese, guiado por la sangre que derrame por el en una cruz, para darle perdón, para mostrarle que aunque es duro ser padre, cuando entiendes tus brazos y perdonas, la recompensa es vida, gozo y amor eterno.